“Ese ser de
luz que está por nacer tiene mucha fuerza” – escuché unos días antes del parto.
Todo estaba
planeado con anticipación, incluso antes del embarazo ya habíamos elegido la
forma que nos pareció más linda, más humanizada, más natural… y aún con la mente abierta de que podríamos o
no lograrlo, esperábamos ansiosos el momento de comenzar el trabajo, pero no
había señales todavía.
Por el
cansancio normal de los 9 meses Hildebrando y yo, que nos conocimos bailando,
habíamos dejado de asistir a nuestro lugar favorito hasta el día que decididos
subimos las escaleras para vestirnos e ir a echarnos una salsa cuando de pronto
y sin previo aviso comenzaron las contracciones intensas y frecuentes. - Duerme entre contracción y contracción –
indicó Roberto nuestro médico, pero era imposible porque no había suficiente
tiempo entre una y otra. Hildebrando y la doula oficial (mi madre) iniciaron su
labor de acompañamiento con todos los instrumentos y técnicas recomendados por Faby
y Diana en nuestro super curso psicoprofiláctico, y a eso de las 2 de la mañana
entre emoción y dolor nos fuimos al hospital… ¿Será niño o niña?
– Si me
dicen que tengo 2 cm de dilatación, renunciaré, el dolor es insoportable –
mencioné.
– Tienes 2 cm
de dilatación – dijo Roberto, pero bebé está muy abajo así que esto avanzará
rápido… (De haber sabido que “rápido” se
trataba de más de 10 horas hubiera renunciado en ese instante).
A las 8 de
la mañana entramos a la tina. El dolor
durante las contracciones es indescriptible, sólo recuerdo que durante la
contracción me decía a mí misma: - Acuérdate de esto para que ¡no se te ocurra
tener otro hijo jamás! Pero cuando la
contracción se iba cambiaba de opinión, hasta podíamos charlar o contar algún
chiste, para luego sentir miedo cuando percibía que ahí venía la siguiente.
(Descanso)
- Tú puedes Marifer, vas a lograrlo, relájate, respira, todo esto vale la pena…
– me decía a mí misma.
(Contracción)
- AHHHHHHH!!!!! ¡Pujen conmigo todos, necesito oírlos gritar!,
¡ayúdenmeeeee!
(Descanso)
Roberto medía los latidos del bebé y todo perfecto, eran fuertes y podíamos
continuar.
(Contracción)
¡Por favor bebé, ya sal, sal de ahí!!!!
(Descanso)
- “Mamá, déjame salir” – imaginé que me decía.
No tengo
palabras para describir el apoyo que recibí en medio de esa oscuridad
interminable: No entendía como Roberto podía estar tan tranquilo y confiado, ni
como mi madre me transmitió toda la fortaleza con su sola presencia, ni tampoco
la forma en que mi compañero de vida me estaba emocional y literalmente
sosteniendo para poder continuar, y así pasamos de 8 cm de dilatación a 10, de
10 a 12… y a las 12:34 del domingo 2 de
marzo se abrió de nuevo el mundo, la naturaleza encendió la luz y así, chiquito
y resbaloso de color rosado naciste “bebé sorpresa”, y entre abrazos y lágrimas
todos escuchamos de voz de tu abuela lo que habíamos escrito para ti:
Mi vida es un don mágico de la
existencia universal
Soy quien soy: un ser único y
especial, y pertenezco a la gran tribu del mundo
He sido creado del amor y para el
amor
Confío en el proceso natural de la
vida
Honro mi sabiduría interna
Respeto mi entorno
Aprovecho todo lo que me es útil y
desecho el resto
Mi cuerpo, mis emociones y
pensamientos son perfectos
Tengo a los padres que elegí: los
padres correctos para ayudarme a desarrollar mi potencial
Soy una bendición para mi familia
Acepto todos los regalos que Dios
tiene para mí
Siento la armonía en cada
respiración
Tengo la capacidad de disfrutar un
instante a la vez
Yo soy, aquí y ahora
Mi misión es “SER” en libertad
La energía divina está en mí
Soy un milagro
Agradezco la oportunidad de vivir



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